miércoles, octubre 04, 2017

Vuelta por el universo

Que tomó alrededor de 30 horas, 3 aviones de ida y 3 de vuelta.
12 horas de diferencia que pesaron al regreso: despertar acá a las 3 de la mañana sin retorno como si fueran las 3 de la tarde tuvo serios estragos.
Cruzar el globo casi completo para impregnarse de nuevos colores, sonidos y vivencias.Que por flojera se cree que todos son iguales: de ojos, de comidas, de ritmos. Rotundo error.
Uno es el orden, la eficiencia y la amabilidad. El otro es el caos, el ruido y la cantidad.
Y ambos funcionan, resultan, se entienden.

En el primero no puedes fumar en la vía pública, los baños tienen lavapoto incluido y los guardias de los trenes hacen toda una danza para informar que ya salió de la estación.

En el segundo, cruzas la calle rezando, la gente te toma fotos y se ríen y usan paraguas para el sol.
Fue un cambio fuerte, un contraste marcado y abrupto.
Desde que te miran feo por darte un beso en la calle en uno hasta ver niñitos con pantalones de algodón abiertos al centro porque están aprendiendo a hacer pipí por cuenta propia en el otro.

Salir de toda zona de confort y darse a entender con señas y mostrando fotos. Comprender tanta reverencia, que el dinero no se pasa en la mano y que no existe ninguna muestra de afecto en la vía pública. En el otro extremo, gente chocona, hablando fuerte, cruzándose en tu camino, con gorritos iguales y descubriendo los mismos lugares que fuiste a descubrir tú.

Sentarse a ver la gente: Las chicas vestidas con kimono, luciendo peinados modernos sacándose selfies en los templos, como en los restaurantes sorbetean la comida de forma sonora, los tonos de voces diferentes, descifrar si estaban enojados o no. Descubrir en el otro lado, que la ropa que usan, es la misma de acá y como se entendían entre tanto detalle, tanto encaje, tanto accesorio.

Comer sonrientes cosas nuevas en los mercaditos de un lado y en el otro morir de guácala cuando lucían orgullosos arañas y palomas a la venta. Miedo que no dejaba más opción que comer en un Pizza Hut porque es algo que se conoce, creo. Descubrir unos pequeños sucuchitos para comer sushi (el de a de veritas), donde el cocinero no hablaba nada y menos inglés y sentarse con toda la fe en el idioma universal del hambre y estar más feliz aún porque el té verde lo regalaban amablemente. Recorrer también unos pequeños bares adaptados en lo que pudieron ser casas básicas, donde caben máximo 5 comensales y tomar un vino muy malo pero conocer gente muy buena onda y ponerles música local con orgullo y ver sus caras atentas.

Tomar té, tomar té y más té.
En todos lados y en el medio de un parque, en un salón insertado en el medio en un lago, sin zapatos, en silencio.

Recorrer en días de lluvia, pero con calor. Soportar estoicamente las picadas de mosquitos y el horrible mapa que dejaron en mis piernas. Y llorar como lesa porque vi a un panda.

Todo tan minimalista, pequeño, espacios cuidados y funcionales. Visitar otras ciudades, en un tren tan moderno y conocer a un viejito en el salón de fumadores y terminar hablando de terremotos porque parece que para afuera somos eso. Sísmicos.

Eso y el "guaaaa que lejos" de rigor, cuando les cuentas de donde vienes.

Parques en el medio de los edificios, gente pintando acuarelas y tatitas sacando fotos a las plantas e insectos.
Trabajadores que solo usan pantalón negro y camisa blanca.Todos,todos. Baños públicos cada dos cuadras y absolutamente ningún perro callejero.

Amabilidad a raudales al punto que si tienen tiempo te encaminan a la calle que andas buscando. Una tarde le pedí fuego a una chica que me siguió después y me regaló su encendedor. Así de amables.

Posiblemente oculten su lado B en el primero, posiblemente lo muestren mucho en el segundo.


En 16 días te haces solo un porcentaje de la foto, pero la fecunda imaginación lo completa con lo bueno.

Formular un nuevo agradecimiento por lo vivido, una nueva destapada de cerebro para meter información fresquita y novedosa...
Abrir un nuevo cuaderno para llenar, un nuevo relato que contar y más imanes para poner en el refri.










jueves, junio 15, 2017

4K

El magno evento iba llevar a alfombra roja, larga, un par de cámaras en la entrada del fastuoso local como si fuera una gala de verdad: Garzones repartiendo espumante a destajo, Caco, Pérez y mi Shara amada en las perillas poniendo la mejor música que resumiera estas décadas.

La variable posterior fue todo lo contrario: Agarrar un bolso y partir con un grupo de amigos a la playa, una cabañita rica, idealmente con chimenea y guitarrear tb algunos temas, mientras tomamos un reponedor navegado. Me faltó el poncho acá.

La vida es más sabia y (cabrona) y me hizo ahorrarme todos esos estreses mandándome a la cama con la primera influenza de toda mi vida: ahí figuro con mi peor cara y tos penosa, viendo los matinales y devorándome Netflix como recién abonada (o regalada,
gracias peucoMauro), comiendo pizza al desayuno y sin lavarme el pelo en 5 días.

Quizás son las pseudofedrinas, la abstinencia de nicotina, quizás es el cambio de ciclo, pero he llorado todos los días con casi todo: la disertación de la luna de la Ema, el video de koala de Dante, el "hola caggggol" que la Domi me lanza por teléfono, el rescate del niñito del tubo en FB, las fotos de mis amigas viajando, los saludos del primer mundo, los perritos cachorros y por cierto, cada vez que me dicen: "Guaaaaa mentira que cumples 40!"

Y así es, acá estamos sin ninguna gala, ni adorno, ni ritual pachamamístico recibiéndolos, bendecida por esta carita que la natura y los genes que Bobina me heredó, llena de cariño y amor (de ese que llena el corazoncito), con 365 días fresquitos, nuevas rutas por descubrir y rodeada de vínculos infranqueables, esos lazos leales, gratuitos y de calidad que son más fuertes que el olimpo.

jueves, abril 13, 2017

Retrogradando

A conversaciones infinitas y eternas imposibles de replicar con alguien más,
A los micromomentos que de tan pequeños se hicieron grandes y opresores,
disecar diálogos, segmentos, fragmentos.
Desmenuzar hasta lo imperceptible un mensaje, un extracto de un libro, una serie de netflix, un mueble en el hommy.
Retrogradando, al borde de hacer la única excepción y solo llegar. Sin preguntar. Menos hablar.


jueves, diciembre 29, 2016

veinte16

2016 que se podría perder en el olvido y en un espacio paralelo.
La sensación de que partiste rápido solo tiene un respiro cuando se revisan los registros y algunas fotos que dan cuenta que se hicieron y vivieron muchas más cosas de las que puedo retener.
Me elevaste por los aires del control y la armonía y luego me soltaste de las alturas al piso de la màs brutal realidad.
Me repetiste varios momentos, me pusiste en varios lugares comunes que ya había vivido y se multiplicaron como mantras que aún siguen replicando.
2016 que me hiciste perder la llave de la caja donde estaba la colección de encuentros y despedidas.
Me diste señales, señuelos, pistas y decidí desviar mi atención.
Año que me robaste y me regalaste, me diste y me quitaste.
Me heriste y me salvaste.
Me obligaste a despejar y abrir los ojos y la mente.
A perdonar, alejarme, reencontrar y escuchar sin quererlo.
2016 y tus tristes 90 dìas finales.
Me diste opciones-casi obligadas-de reinventarme y de hacer las cosas de otra forma.
Y las tomé.
Y si bien el éxito no está (aún) garantizado, me dejas aprendizajes duros, que tomaràn tiempo y cuaje.

2017... traigo lo que ganè en la lucha. Lo que perdí, lo dejé atrás.

lunes, diciembre 05, 2016

Destiempo


Para esperar que los hechos ocurran como en una vida paralela podrían estar sucediendo.
Destiempo que fracciona la confianza y el deseo de creer.
Destiempo que deja el sentir en segundo plano.

domingo, septiembre 11, 2016

Amor de padre

El télefono sonaba en la noche y la niña salía corriendo de su pieza, casi volando, sorteando obstáculos como el sillón, la estufa, el colgador con ropa y las plantas que su madre estratégicamente colocaba antes de llegar a la mesita donde estaba el aparato.

"Papá dame permiso pa ir a una fiesta?"- deslizaba toda nerviosa cuando colgaba.

El padre acostado en su cama, la miraba por sobre los lentes y el humo de su vigésimo cigarrillo, su:
"-No, no vas"-Fue tan rotundo que taladró su adolescente corazón.
"- Pero porquéeeeeee???, me acaba de invitar el niño que me gusta poh.", preguntaba la niña, estallando en llanto, drama, desolación y caos.
Su padre la miraba impasible dando una calada más al cigarrillo:
"Hija, también fui cabro y teníamos una lista de chiquillas para invitar a salir. Si te está llamando casi a las 12 de la noche, puedes identificar en qué lugar estás de esa lista?".
La niña dejaba de hipar, abría sus ojos grandes y tragaba todo su orgullo.
El muy pesado tenía razón.

Su padre le habló de sexualidad, de usar preservativos ("En estos tiempos es obligación, cabra"), de pololear mucho y enamorarse poco.
Y que existen dos tipos de mujeres "Las pa casarse y las pa huevear, usted decida cual quiere ser -pero siempre- la mejor".

Su padre no entendía eso de "atracar,agarrar,andar,lo que sea, hágalo piola y con cabros que no sean amigos, ni parientes entre sí, usted nomás va a quedar como bataclana".
Aunque el término acá era otro, sabemos.

La niña llegaba llorando a su pieza y se recostaba en su gran panza para contarle si peleaba o si descubría al chico que le gustaba con otra niña. "Búsquese uno que no le de susto que usted no sea tonta. Punto", ordenaba perentoriamente.
Pero ella no siempre le hizo caso.

A él recurría y no a sus amigas, para hablar de amor, de dudas existenciales, de entender que pasaba con sus emociones. Él jamás la engañó con cuentos de eternidad, príncipe azul, amor de pajaritos y fidelidad "Si la dejaron de querer no hay nada que hacer, nada que apelar" era (como buen abogado) su inamovible sentencia.
No fue un santo, sabía de lo que hablaba.
No se le daba la charla melosa ni acorazonada, no adornaba absolutamente ninguna frase y en más de una ocasión fue rudo y casi cruel:
"Si usted no es la elegida es porque usted no sabe elegir bien".

Hoy (si viviera) le diría a la niña: "Quédate con quien no mire tanto su weaíta de teléfono", "Quédate con quien te haga reir", "Tan dura que salió de cabeza, Carroll Baker por la cresta", "Es triste, pero hay que saber perder, ya pasará".

La niña, hoy mujer, le agradece su honestidad brutal, que a la buena se consigue más que a la mala, que el humor es la base de todo, que las cosas se dicen respetuosamente pero sin disfraces ni eufemismos y de frente -jamás- de costado y que la gente no cambia solo se vuelve una nueva o vieja versión de si misma.
Que siga (a su poco ortodoxa manera) dándole pistas, con pequeñas sutilezas, pequeños signos que muchas veces no quiso ver y siguió de largo.
Pero por sobre todo, muy profundamente le agradece, las señales que aún le envía para que salga de donde no debe estar y -menos aún- volver.

Siempre el muy pesado, tuvo y sigue teniendo razón.


(Ya son 19 once de septiembre sin ti)