martes, noviembre 27, 2012

21 de diciembre

Tengo en un mueble un bolso chico, pequeñito, con cosas suficientes para sobrevivir: remedios, algodón, alcohol, unos calcetines, ropa interior, cargador de pilas (oh sí)y un par de leserillas más. Lo armé el 28 o 29 de Febrero, luego de quedarme fuera de mi casa por salir corriendo como las lesas. Caminar sin zapatos, en pijama por una Vicuña Mackenna sin luz, hacia el Parque Bustamante es la situación más homeless que he pasado. No era la única por cierto, pero la sensación de sólo me tengo a mí es demasiado poderosa. Tengo este bolso por si se acaba el mundo, tengo este bolso por si debeo arrancar, pero no tiene plata ni comida, ni una pinche libreta de teléfonos. Tengo este bolso como un reflejo, el resultado del único acto más hardcore que he tenido en años: tener la certeza de que todo acaba. Armar y desarmar para empezar una puta vez más. Puede ser el 21 ó el 25 ó el 3014.Las cosas acaban y comienzan día y día, la alegría y la tristeza. La misma persona en el mismo lugar. Yo no quiero, usted no quiere, nadie quiere que esta pelotita ínfima en el espacio desaparezca...quedan cosas, ahora que todo anda casi perfecto, y por lo demás, que pésimo sentir y hacer conciente que haber armado este bolsito no habrá servido absolutamente de nada.